27 julio 2006

PILDORITAS DE HUMOR

Una mujer no consigue alcanzar el orgasmo cuando hace el amor con su marido y un día, al despertar, le dice: “querido, esta noche he tenido un sueño increíble: estábamos en plena faena y encima de nosotros había un negro africano muy grande con un abanico, abanicándonos, y eso me hacía gozar mucho”. Entonces ambos deciden poner en práctica el sueño de la esposa y en un semáforo encuentran un negro africano parecido al que ella había soñado y le ofrecen 120 euros si acepta abanicarlos desde el armario cuando ellos hagan el amor. Acepta y los tres van a la casa. El matrimonio empieza a hacer el amor y el africano les abanica desde la altura, pero no da ningún resultado, por lo que la mujer le dice a su esposo: “a lo mejor hace falta que invirtamos los papeles: tú te subes al armario y el negro se mete en la cama conmigo”.

A regañadientes el marido, por complacer a su esposa, se sube al armario y los empieza a abanicar. Poco después la mujer grita de placer y llega el orgasmo. Cuando los dos han terminado, el marido baja del armario y dirigiéndose al negro, le dice:

“¿Te has dado cuenta de cómo se abanica, so imbécil”?.





Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa cuando vio a un chino colocando un plato de arroz en la tumba vecina, y entonces le preguntó: “¿De verdad cree usted que la difunta vendrá a comer el arroz”? El oriental le respondió: “Sí, cuando la suya venga a oler sus flores”. La MORALEJA es que se deben respetar las opiniones y actos de los demás.



“”Mamá, mamá, dice una muchacha a su madre- ¡me violó un argentino!”

¿Cómo sabes que era un argentino?

“Porque me hizo darle las gracias”.



Un joven médico recién graduado fue destinado a una pequeña aldea y tras varias semanas, notando la ausencia de mujeres disponibles, preguntó a uno de los aldeanos: “¿Aquí, cuando tienes ganas de apagar los deseos sexuales, qué hacen”?

El lugareño le respondió: “Pues nosotros vamos a la parte baja del pueblo, cerca al río y cogemos la burra que siempre está allí”.

Al doctor la idea no le entusiasmó, pero pasados tres meses no resistió más y decidió un domingo bajar hasta donde estaba el animal, pensando que nadie lo vería, pero al llegar al sitio encontró a una docena de campesinos haciendo cola tras la burra. Al verlo llegar, uno de ellos le dice: “Dr, pase usted primero”. Azorado, le dice: “No…si…este…yo venía a…”. No se preocupe, pase, pase, le reiteró el campesino.

Ante la insistencia, el médico se puso detrás de la burra y empezó a desahogar sus deseos carnales con desesperación. Tras casi una hora encima de la burra, uno de los aldeanos se le acercó y le dijo:

“Oiga, doctor, si no le importa, no nos canse mucho la burra que la necesitamos para cruzar el río e ir al Puticlub!!!.

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Un hombre y una mujer están sentados uno al lado del otro en la primera clase de un avión y mientras el primero lee un libro, la segunda estornuda estruendosamente, saca un kleenex, se limpia cuidadosamente la nariz y se estremece violentamente. El hombre no está muy seguro de la causa que origina esa situación y continúa su lectura cuando la mujer vuelve a estornudar, saca un pañuelo de papel, se limpia cuidadosamente y se estremece violentamente. Crece la curiosidad de su desconocido compañero de viaje y la mujer vuelve a repetir los estornudos varias veces más.

Intrigado, el hombre le pregunta: “¿qué es lo que le pasa”?

La mujer le responde: “Discúlpeme si le he molestado. Sufro una rara enfermedad que provoca que cada vez que estornudo tenga un orgasmo”.

Un tanto apenado, pero con latente curiosidad, el hombre que nunca había escuchado una cosa así, le dice: ¿”Y qué está tomando para curarse?

La mujer, con una pícara sonrisa, le responde: “¡¡Pimienta”!!