18 enero 2006

Los caleños renegados

Por estos días vienen a Cali varios tipos de caleños(as):

Los que regresan a su tierra y besan el encementado del Bonilla Aragón en medio de lágrimas, aguardiente y rancheras y que son recibidos por la parentela y como el uno llega en jet, los otros llegan en chiva portando pancartas y emitiendo gemidos jubilosos tornando el terminal en abrebocas de la fiesta que le tienen preparada en la cuadra. El espectáculo, entre pintoresco y zarzuelesco cuenta con banderas del América, abuela en silla de ruedas, bebé de tres meses durmiendo y la infaltable prima recién enrepisada y regiamente arrejuntada, en flamante mafioneta.

Los que llegan con sus dolaretes -o sus curetes- tras haber camellado como lungos a pesar de jurar que están regios en los Yores siendo la verdad muy distinta. Pero bueno, aquí aparecen con sus verdes, cargados de regalos y con una sed infinita de comprarse un apartacho o una casita “pa’ darle a mi viejita que tanto se ha jodido”. Ellos son los que mueven y harto- la propiedad raíz en diciembre y enero.

Los que nunca faltan en esta temporada. Son aquellos caleños de siempre que estén donde estén añoran su pueblo y lo visitan periódicamente sin perder el contacto con su ciudad. Para ellos aunque Cali no esté cual tacita de plata, este es un paraíso y no dejan de subir al 18, ir a Rozo, bañarse en Pance, sextiar, tirar paso y visitar felices de la pelota a amigos y parientes. Poco les importan los huecos y las basuras, el caos y el despelote. Cali es Cali y lo demás es cuento y uno se queda admirado con estos caleños a quienes poco les importan los lunares de su pueblo y pienso que los que aquí vivimos deberíamos ver más la viga en el ojo ajeno y menos la paja en el ojo propio...

He dejado para el final de este Sirirí a los caleños y caleñas que reniegan de Cali desde que llegan hasta que se van: Aquellos que no sólo aquí, sino también donde viven -o sobreviven o sobreaguan denostan y denigran de su ciudad, causándole un gran mal gusto. Cali es una pocilga cuando no una poceta. La ciudad está acabada. El MIO es un esperpento. El alumbrado navideño es propio de un pueblito paisa. Aquí no hay calles, las zonas verdes están enmalezadas. Las fuentes no tienen agua y el río tiene sed.

Estoy mamado de que me digan que aquí el liderazgo se acabó, que la clase dirigente de hoy es una buena “para-nada” y que este es un pueblo fétido que se lo están robando (como si en la época de ellos no robaran y por eso muchos se fueron. Entre ellos, ellos).

La actitud de quienes le hacen el fo a Cali sin aportarle nada no es únicamente para los contagiados de la “culera bogotana” o de la “sobradez paisa”. Es de todos aquellos caleños renegados que poco o nada hicieron por Cali y algunos tomaron las de Villadiego.

Sin negar lo mal que podemos estar, hay que decir que existe un puñado de personas y entidades que están luchando por mejorar a Cali y están haciendo, muchos en silencio, un enorme sacrificio para enderezar rumbos, corregir entuertos y sacar adelante la ciudad.

Los caleños renegados deberían criticar menos y hacer más o al menos no despotricar de la ciudad que los vio nacer. Y pregunto: ¿Cuántos de esos coterráneos alguna vez han hecho algo por Cali distinto a criticar, criticar y criticar? ¿Cuántos se han puesto la camiseta para aportar su granito de arena?

Echar vainas es muy fácil y más aún practicar el “al caído caerle”. Definitivamente Cali necesita menos caleños renegados y más caleños abnegados!
Sirirí. Por: Mario Fernando Prado publicado en El País de Cali 27-12-05